Page 5 - Contexto
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Es hija de doña Gladys Solá, una mujer determinada, excelente administradora y con un increíble don para negociar. Como dice el refrán: quien lo hereda no lo hurta. Madre ejemplar, nacida por accidente en
Río Piedras y cagüeña de corazón, a los 20 años de edad, decidió unir su vida a la de don Miguel Huertas, cagüeño adoptivo nacido
en Coamo. Aunque ambos fueron admitidos
e iniciaron sus estudios postsecundarios
en la Universidad de Puerto Rico, ninguno pudo ver cumplido su sueño de terminar sus carreras. Esto, influenciaría enormemente
en las exigencias de excelencia y estudio que inculcaron en sus hijos: don Miguel quería tres hijos médicos. Asunto que casi logra, presto
a que de sus tres hijos, Lissette se convirtió en médico internista y Miguel Francisco, en doctor en farmacia. Pero Mildred, aun sin sospecharlo, terminaría por proponer a su padre el lograr ser doctora en Educación. Así las cosas, don Miguel vivió para celebrar a sus tres hijos doctores.
Mildred nació un 10 de octubre. Creció
en una familia de lazos estrechos, tanto
con la inmediata como con la extendida.
Por lo que, aun viviendo en San Juan, los fines de semana siempre visitaba Caguas. Esto le permitió compartir la realidad de
dos mundos; el de la ciudad capital y la del universo de aventuras que representaba estar en compañía de sus primos cagüeños. De pequeña, aun cuando gustaba de jugar a ser maestra, si su padre preguntaba qué sería de grande, esta respondía: dentista. A esos fines, inició sus estudios en la facultad de Ciencias Naturales, pero al tomar un curso de ecología, se olvidó de los dientes y abrazó las ciencias ambientales, su otra gran pasión, y aunque
llegó a trabajar como especialista ambiental, la educación la cautivó.
De su formación académica, podemos decir que transitó por varias escuelas privadas de San Juan y le guarda un especial cariño al ahora desaparecido Colegio del Pilar en Río Piedras, donde se graduó de escuela superior. Si bien es cierto que era una estudiante sumamente aplicada, esto no la distanciaba de participar y de disfrutar de otras actividades extracurriculares; incluyendo ser parte de las Niñas Escuchas y de presidir comités, lo que fue vehículo para que desarrollara sus dotes de liderazgo.
Desde niña resaltaron sus convicciones bien claras. Siempre fue sumamente decidida y muy organizada. Imagínense si lo era, que insistió en continuar siendo zurda, muy a pesar de los esfuerzos de las monjas que le obligaban, so pena de castigos como arrodillarla en arroz, a que escribiese con la mano derecha. Quien ha estado en su oficina, habrá notado un botón que lee: I may be lefty, but I’m always right. Para muestra, un botón. Literalmente. Si hay una palabra que le define, es tesón. Su firmeza y pertinencia en sus convicciones, devienen de un DNA cósmico, que fue diseñado a través de generaciones de hombres y mujeres que no le temen a los retos.
Como don Rufino Huertas, pariente lejano y maestro de la escuela liberal que en pleno siglo 19, no dudó en utilizar los planos del pueblo de Coamo, diseñados por su abuelo el Teniente Coronel de Ingeniería don Luis de Huertas, para prepararles un croquis del pueblo a las tropas invasoras del 1898.
Si algo motiva a Mildred, es acoger grandes proyectos y completar los mismos. Es con este mantra que, a lo largo de su vida, ha forjado su éxito personal y profesional. Su proyecto más importante lo es su hija Michelle; una joven que siguiendo los pasos de su madre,
se abre paso exitosamente en el mundo de la arquitectura y de la academia.
Es analítica, sistemática, creativa y organizada; las excepcionales habilidades de liderazgo, tanto académicas como administrativas que posee han ayudado a forjar una exitosa carrera profesional en el Sistema Universitario Ana
G. Méndez. Si ya se ha reunido con ella, habrá escuchado su lema favorito: hay que hacer más con menos; por eso es importante ser proactivo y no reactivo.
La doctora Mildred Huertas Solá, no habla en el vacío.
Trae consigo un gran bagaje intelectual, que hoy nuevamente pone a nuestros servicios.
El propósito en la vida, como ella bien lo puntualiza, es su convicción de que uno nació para ser feliz; y su felicidad le deviene de servir, a través de la educación superior, a nuestra sociedad. Medio que encuentra óptimo para cumplir con su propósito.
De izquierda a derecha: Yanitzary Alvarado, estudiante del programa de Comunicación Social en Red; el Dr. Antonio Lloréns Gómez, profesor de IEN Business School; la
Dra. Mildred Huertas Solá, rectora de la Universidad del Este, José Ramírez Moya, estudiante de maestría en IEN Business School; la Dra. Yolanda López Figueroa, profesora de la Escuela de Ciencias Sociales y Humanas y Samuel Verneus, estudiante del programa de Microbiología.
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