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Sustentable

ALGUNOS PREFIEREN "SOSTENIBLE"; OTROS, "SUSTENTABLE". ¿POR QUÉ?Quienes prefieren el uso de "sostenible" para adjetivar el "desarrollo" adoptan la definición que en estos momentos tiene la Real Academia Española (RAE) en su red cibernética para este vocablo: "2. (adj.) Especialmente en economía y ecología, que se puede mantener durante largo tiempo sin agotar los recursos o causar grave daño al medio ambiente. Desarrollo, economía sostenible".

Por otro lado, Fundéu BBVA, una institución sin ánimo de lucro que tiene como objetivo colaborar con el buen uso del idioma español en los medios de comunicación, con el asesoramiento de la misma RAE, en su sección de consultas explica que: Depende del contexto, aunque en todo caso, sustentable (o sostenible) es aquello que se puede sustentar o sostener, y sostenido, aquello que efectivamente se sostiene. Por ejemplo, para referirse al modelo de desarrollo consciente de la necesidad de no agotar los recursos, se emplea sustentable (sobre todo en América) o sostenible (sobre todo en España); en cambio, un desarrollo sostenido sería aquel que se mantiene en el tiempo.

Por los retos que enfrenta el Planeta hoy día, sin embargo, quienes preferimos "sustentable", lo hacemos porque demandamos el uso de una palabra y una definición que expresen de un modo más completo el significado del concepto "sustainable development" que se articuló y formalizó por primera vez en el Informe de Brundtland (Nuestro Futuro Común) de la Organización de las Naciones Unidas en 1987. En primer lugar, si buscamos las acepciones de los verbos de los cuales se derivan los adjetivos "sostenible" y "sustentable", encontramos que más que el "mantener", de "sostener", el "conservar" de "sustentar" recoge el carácter de cuidado y mantenimiento que se persigue en el tipo de desarrollo al que nos referimos. En segundo lugar, si bien no esperamos que la RAE produzca en su diccionario el tipo de definición que podríamos encontrar en un diccionario ideológico o de términos sociales, nos parece que la definición que provee para "desarrollo sostenible" es insuficiente porque la clase de desarrollo que se pretende definir no depende únicamente de mantener los recursos y cuidar el medio ambiente, a lo que apunta la RAE, sino también de hacer justicia social y asegurar la capacidad alimentaria, por ejemplo.

El Dr. Enrique Leff, reconocido economista mexicano, coordinador desde 1986 de la Red de Formación Ambiental para la América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), y voz cantante de la sustentabilidad, explica el alcance de lo que se procura expresar al utilizar el término "sustentable" que defendemos: La ambivalencia del discurso de la sustentabilidad surge de la polisemia del término "sustainability", que integra dos significados: uno, traducible como sustentable, que implica la internalización de las condiciones ecológicas de soporte del proceso económico; otro, que aduce a la durabilidad del proceso económico mismo. En este sentido, la sustentabilidad ecológica se constituye en una condición de la sostenibilidad del proceso económico.

Según Leff, el discurso de la sostenibilidad disimula o encubre la carrera desenfrenada del proceso económico imperante hacia la muerte entrópica al negar los límites del crecimiento dentro de la lógica neoliberal donde la tecnología se encargaría de revertir los efectos de la degradación ambiental en los procesos de producción, distribución y consumo. Ello lleva a plantear la pregunta sobre la posible sustentabilidad del capitalismo como sistema que tiene el inescapable impulso hacia el crecimiento […]. Se está dando así una confrontación de intereses por asimilar las condiciones de sustentabilidad a los mecanismos del mercado frente a un proceso político de reapropiación social de la naturaleza. Este movimiento de resistencia se articula en la construcción de un paradigma alternativo de sustentabilidad, en el cual los recursos ambientales se convierten en potenciales capaces de reconstruir el proceso económico dentro de una nueva racionalidad productiva, planteando un proyecto social basado en la productividad de la naturaleza, las autonomías culturales y la democracia participativa.

Resumiendo, la discusión de la diferencia entre ambos conceptos radica, principalmente, en la idea de que la expresión "desarrollo sostenible" suele usarse de forma insustancial, general e imprecisa. Suele también llamarse "sostenible" a innumerables procesos de producción, prácticas y políticas que no responden al verdadero espíritu que el Informe de Brundtland quiso recoger. Para quienes procuramos usar un término con especial consideración al tipo de desarrollo regenerativo y sensato que se debe dar, el carácter de durabilidad a través del tiempo que tiene el "desarrollo sostenible" se queda corto en esta expresión. El "desarrollo sustentable", en cambio, cuestiona de raíz los procesos del actual sistema de crecimiento sostenido de la economía en un mundo finito, y atribuye a este sistema servir como principal obstáculo en el esfuerzo de crear sociedades justas y perdurables para tod@s. Definitivamente, se hace necesaria una transformación radical del modelo económico imperante. Por ello, en el Centro de Estudios para el Desarrollo Sustentable (CEDES) preferimos "desarrollo sustentable".

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DEFINAMOS EL DESARROLLO SUSTENTABLE

El término «desarrollo sustentable», al cual también se le llama «desarrollo sostenible» o «desarrollo perdurable», se formalizó en Nuestro futuro común, documento publicado en 1987 como resultado de los trabajos de la Comisión Mundial del Medio Ambiente y Desarrollo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Esta comisión, creada en 1983, fue presidida por la ministra noruega, Gro Harlem Brundtland, por lo cual el documento se conoce también como Informe de Brundtland.

El propósito del Informe de Brundtland fue ofrecer recomendaciones para resolver el daño de degradación del medio ambiente y las pobres condiciones de vida de muchas poblaciones causado por el llamado «progreso» económico. El Informe ofrece una visión crítica del modelo de crecimiento económico adoptado por los países industrializados, en el cual se destaca la incompatibilidad de los sistemas vigentes de continua expansión en la explotación y consumo de los recursos naturales, con el uso racional de estos recursos y la capacidad de soporte de los ecosistemas. El informe establece como solución el desarrollo sustentable, el cual define como aquel que «satisface las necesidades de las generaciones presentes sin por ello comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades». También recomienda la creación de una declaración universal sobre protección ambiental y desarrollo en la forma de una «nueva carta» que enuncie los principios fundamentales del desarrollo sustentable para la transición hacia un nuevo paradigma económico y de vida.

Esta definición de «desarrollo sustentable» se asumió nuevamente en el Principio 3 de la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, producida a raíz de la conferencia de la ONU celebrada en Río de Janeiro en Brasil en 1992 (la segunda de varias conferencias sobre el tema, conocidas como «Cumbres de la Tierra»):1 «El derecho al desarrollo debe ejercerse en forma tal que responda equitativamente a las necesidades de desarrollo y ambientales de las generaciones presentes y futuras».

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La Carta de la Tierra

Para implantar los acuerdos llegados en la conferencia de Río de Janeiro, se creó el Consejo de la Tierra. Este Consejo lideró la redacción de la «nueva carta» recomendada por el Informe de Brundtland, llamada la Carta de la Tierra, en inglés: Earth Charter. La Carta de la Tierra es:

… una declaración de principios éticos fundamentales para la construcción de una sociedad global justa, sostenible y pacífica en el siglo XXI. La Carta busca inspirar en todos los pueblos un nuevo sentido de interdependencia global y de responsabilidad compartida para el bienestar de toda la familia humana, de la gran comunidad de vida y de las futuras generaciones. Es una visión de esperanza y un llamado a la acción.2

 

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